CONCLUSIÓN

En esta breve nota no es posible ahondar más en las interioridades de la Integración Latinoamericana; sin embargo, es preciso advertir que, desde diciembre de 1994, cuando 34 jefes de Gobierno del hemisferio elegidos democráticamente, se reunieron en Miami (Primera Cumbre de las Américas), una nueva organización y quizá habría que decir una nueva óptica, comenzó a tener presencia: el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas). Su objetivo central, la conformación de una Zona de Libre Comercio hacia el año 2005; desde esa fecha, se han celebrado cinco cumbres ministeriales de comercio, que han perseguido encaminar el proceso hacia dicha meta. (Denver, 1995; Cartagena de Indias, 1996; Belo Horizonte, 1997; San José de Costa Rica, 1998 y Toronto, 1999. Vale anotar que la II Cumbre de las Américas se celebró en Santiago de Chile (1998) y la III en abril del 2001 en Québec, Canadá. Pocos días antes se realizó la última Cumbre de Ministros de Comercio en Buenos Aires, Argentina.

Importa destacar que, pese a algunas acerbas críticas en cuanto a la "asimetría" de las economías participantes (lo cual es perfectamente lógico y entendible), este Acuerdo del ALCA recibe cada vez nuevas adhesiones. Empezando por los miembros del TLCAN: México, Canadá y Estados Unidos, luego Chile y Colombia; en poco tiempo ha ido avanzando mucho más que la ALADI (y la antigua ALALC). Lo importante es observar como el caso más exitoso de integración económica, política y cultural es el de la Comunidad Europea y, desde mediados de los cincuenta, todos conocían las diferencias, asimetrías y contrastes que exhibían los países europeos, desde los cinco pioneros hasta los 15 de hoy.

Por ello, en un seminario al que tuviésemos oportunidad de asistir en agosto del 2001 en San Pablo- Brasil ("Las Políticas Económicas actuales en América Latina ¿acabarán con la pobreza?), el Presidente alterno del Parlamento Latinoamericano, diputado Ney López (Brasil), propuso, en su ponencia "El ALCA, ¿una respuesta a la pobreza?", establecer la "Agenda Latinoamericana", incluyendo tres iniciativas de combate a la pobreza: ellas serían: educación, con énfasis en la profesionalización, investigación y desarrollo mediante la creación y transferencia de tecnología, con el correspondiente registro de patentes; y desarrollo de una red de infraestructuras de comunicaciones y transportes que conecte, con calidad a todos los países del hemisferio entre sí, de tal manera que se facilite la circulación de mercancías a bajo costo y con seguridad. Esta iniciativa demanda inversiones considerables que la región no tiene condiciones para realizar por sí misma.

Además, Ney López propuso también la creación del "Foro Interamericano para el Desarrollo Social" que, a diferencia de la mayoría de los organismos existentes preocupados por la integración, no focalice su acción en el comercio o la economía, sino en el desarrollo social en una perspectiva ecológica y no fundamente su acción en los tradicionales índices macroeconómicos que esconden la distribución social del bienestar y el progreso, sino en una nueva concepción de indicadores que sea transparente y refleje los valores éticos del desarrollo, tales como la justicia distributiva, la solidaridad, el respeto a los derechos humanos y al medio ambiente, la libertad y la democracia".

En el mismo seminario, la Ministra de Comercio Exterior de Colombia, Marta Lucia Ramírez, expondría lo siguiente:

No tengo dudas que un acuerdo de integración comercial como el ALCA generará un nuevo ritmo de la integración económica en el hemisferio. Que, lograr la masa crítica de mercado y economía de escala de producción de las empresas pequeñas, medianas y grandes a todo lo largo y ancho de los 34 países, generará una actividad económica muy dinámica que se traducirá en mejor y mayor producto interno bruto, para cada uno de los países miembros, en mejores ingresos para sus habitantes y con ello podría generarse un círculo virtuoso de mayor comercio, mayor riqueza, menos desempleo, menos pobreza.

Escudriñar alrededor de las reales expectativas generadas por el ALCA, exige otro artículo. Entretanto, nos conformaremos con decir que los países de América Latina deben enfrentar estas alternativas sin complejos, sin retóricas y sin acudir a análisis anacrónicos -como lamentablemente ha ocurrido con ciertos dirigentes- que parecerían estar viviendo entre las décadas del 40 y 50 del siglo pasado.